AVANCES EN EL TRATAMIENTO DEL TRASTORNO DE ANSIEDAD GENERALIZADO

Las preocupaciones patológicas y las rumiaciones constituyen el síntoma cardinal del Trastorno de Ansiedad Generalizada. Además, este problema suele acarrear otros síntomas físicos como cansancio crónico, insomnio, problemas de concentración e irritabilidad.

Hoy disponemos de varios modelos explicativos, los cuales a su vez han derivado en intervenciones prácticas específicas para el tratamiento del desorden. Sin embargo, el TAG (Trastorno de Ansiedad Generalizada) constituye un desafío importante para la investigación y la práctica ya que es el desorden de ansiedad donde los indicadores de efectividad se revelan más bajos. La probabilidad de disminución de la sintomatología ronda en el 70 % al terminar las terapias psicológicas y algunos estudios de seguimiento a largo plazo señalan que muchos pacientes acaban recayendo.

Sandra Llera y Michelle Newman de la Universidad de Pensilvania, efectuaron en 2010 un experimento crítico, el cual condujo a postular un nuevo modelo explicativo de las preocupaciones patológicas, con especial relevancia para el TAG y para otros cuadros donde la rumiación constituye un síntoma central. De este modo, surge el Modelo de Evitación del Contraste, que ha dado lugar a intervenciones terapéuticas prometedoras con cierto grado de respaldo empírico. Sin embargo, aún no contamos con un protocolo de actuación terapéutica establecido.

El estudio realizado investigó los efectos de la preocupación, la relajación o el pensamiento neutral sobre las respuestas fisiológicas y subjetivas a estímulos emocionales, tanto en personas con TAG como en sujetos control, es decir sin ninguna patología psicológica.

A todos los sujetos experimentales se les pedía que hicieran una de tres cosas: preocuparse, relajarse o pensar en algún contenido neutral. A continuación, se les mostraban videos cortos provocadores de diversas temáticas emocionales: miedo, tristeza, calma o alegría. Durante todo el procedimiento, se obtenían tanto reportes subjetivos verbales de las emociones como mediciones fisiológicas directas que indicaban el grado de activación defensiva del organismo.

El desarrollo del estudio consistía básicamente en los siguientes pasos:

1- A todos los participantes se les aplicaba el mismo protocolo, independientemente de que padecieran o no el Trastorno de Ansiedad Generalizada. De esta forma era posible comparar si las personas con este trastorno reaccionaban de manera diferente.

2-A continuación, todos atravesaban en diferentes momentos por las tres condiciones:  un lapso de preocupación, relajación y pensamiento neutral.

3-Finalmente, se les mostraban los clips audiovisuales disparadores de emociones.

En todas las etapas se medían dos variables indicadoras del estado emocional del participante. Por un lado, se solicitaba un reporte verbal acerca de su estado subjetivo. A la vez, se registraba una evaluación fisiológica directa a través del monitoreo de la actividad del nervio vago.

De esta manera los investigadores podían registrar si el estado previo en que se encontraban las personas (preocupación, relajación o pensamiento neutral) influían en sus reacciones a los videoclips presentados.

En primer lugar, y tal como se esperaba, bajo la condición de preocupación, todos los sujetos mostraron un aumento de la afectividad negativa; aunque este efecto fue significativamente mucho más marcado en los individuos con TAG.

Lo que resultó sorprendente fue analizar la relación entre las conductas previas (relajarse, preocuparse o pensar neutralmente) con la respuesta emocional posterior a los videos inductores de tristeza o ansiedad. Entre todos los resultados, hubo dos particularmente notorios y originales:

*Si el sujeto había sido inducido a la preocupación previamente, su respuesta fisiológica y subjetiva disminuía frente a los estímulos de miedo y de tristeza.

*Cuando los sujetos habían sido inducidos a la relajación previa, se observó un aumento de la emocionalidad negativa en respuesta a los estímulos de miedo y de tristeza.

Según datos ampliamente documentados el contenido de las preocupaciones de personas con ansiedad generalizada no se cumple en más del 90 por ciento de los casos. Es decir, menos del 10% de las veces los inconvenientes temidos resultan ciertos. Y en tales ocasiones, en las cuales la preocupación termina siendo correcta, el problema se resuelve de modo favorable el 85% de las veces. Por tanto, podemos concluir que los inconvenientes previstos por quienes padecen TAG casi nunca tienen lugar, y cuando lo hacen se resuelven con facilidad. Esto no impide que los temores se perpetúen incluso a pesar de los esfuerzos expresos para detenerlos por parte de quien los padece.

A partir de los descubrimientos del experimento que narramos en el punto anterior podemos explicar por qué ocurre esto. Estos dos mecanismos fundamentales pueden estar en la base del hecho de que las preocupaciones se perpetúen y se vuelvan crónicas.

En primer lugar, las preocupaciones patológicas crean un estado de hipervigilancia, tensión y ansiedad persistentes por potenciales problemas que NO suceden. De esta manera, en cada oportunidad que el sujeto comprueba que las tragedias previstas no acaban sucediendo, percibe un alivio momentáneo del malestar emocional. Es decir, la preocupación genera activación fisiológica y ansiedad, las cuales se alivian ante la ausencia de los eventos negativos. A mayor nivel de preocupación, más marcado se conforma el fondo de ansiedad y activación fisiológica, por ende, más grande será el alivio experimentado.

Por otro lado, las personas que se preocupan mantienen un tono emocional negativo elevado, por tanto, cuando finalmente un suceso ambiental negativo sí sucede, ya no tienen la capacidad de experimentar una afectividad negativa peor. Dado que las emociones negativas ya están altas, no pueden incrementarse mucho más. De esta manera, al impedir una reacción emocional completa a los estresores ambientales, las preocupaciones interfieren con el adecuado procesamiento emocional de los mismos.

Por lo tanto, la teoría inicialmente destaca el papel de la evitación de estados emocionales negativos en la recurrencia de las preocupaciones a largo plazo. En este contexto, se vincula con hipótesis previas sobre la psicopatología del TAG. Por ejemplo, se sabe que estos sujetos emplean cadenas verbales para bloquear la aparición de imágenes catastróficas. Además, está demostrado que desarrollan un sistema de creencias favorable hacia sus preocupaciones.

A partir de estos resultados se ha generado el Modelo de Evitación del Contraste para explicar cómo se genera y mantiene el Trastorno de Ansiedad Generalizada. Sus ideas principales son:

1ºLa preocupación aumenta y mantiene la emocionalidad negativa. Por consecuencia, no se afirma que la preocupación favorece el escape, la evitación o supresión de las emociones negativas, ni en el presente ni en el futuro.

2ºPor el contrario, se postula que, al sostener elevado el nivel de afectividad negativa, la preocupación impide que se produzca tanto un incremento abrupto de emociones negativas como un descenso abrupto de emociones positivas.

3ºLas personas que se preocupan, en especial, quienes padecen TAG, encuentran a los contrastes emocionales negativos especialmente desagradables. Estas personas se revelan más sensibles, reportando una repulsión mayor a estos contrastes. por tanto, no es evitar el estado emocional negativo sino el contraste emocional negativo súbito.

4ºPor último, el modelo plantea que los individuos que se preocupan habrán de experimentar más fácilmente Contrastes Emocionales Positivos. La hipótesis afirma que, debido al estado de malestar crónico acarreado por la preocupación, los individuos habrán de experimentar un contraste emocional positivo cuando los eventos negativos previstos no acontecen o cuando los hechos se desarrollan mejor de lo esperado.

Debido a su novedad, no contamos aún con técnicas terapéuticas sólidamente establecidas que se hayan derivado de este modelo. Determinar la efectividad de los procedimientos requiere años de ensayos experimentales, experiencias clínicas y conocimiento acumulado. Aunque sí existen sugerencias concretas de intervención que han conseguido diferentes niveles de sustento empírico y replicación.

En primer lugar, deberíamos intervenir con Psicoeducación, transmitiendo cómo las preocupaciones se perpetúan por la evitación de los contrastes negativos y la creación de los contrastes positivos. Ello se llevaría a cabo en relación con la Discusión Cognitiva de las creencias básicas favorables a las preocupaciones. Desde la Psicoeducación, nos desplazaríamos naturalmente hacia la necesidad de habituarse a los contrastes; lo cual requiere alguna forma de Exposición.

Esta última técnica habría de aplicarse con un conjunto de cambios para los pacientes con preocupaciones y rumiaciones. Si lo realmente evitado son los contrates, es a ellos que la Exposición debería dirigirse. Tradicionalmente, el uso de la Terapia de Exposición procura que el paciente confronte con lo que teme, lo cual, en el TAG, casi siempre se haya representado por imágenes catastróficas. De acuerdo con el nuevo modelo, más que exponer a los pacientes a las imágenes catastróficas, deberíamos hacerlo a las sensaciones internas que se gatillan debido a los contrastes emocionales.

A fin de lograr lo anterior, se propone el uso de técnicas de relajación antes de la introducción de imágenes desagradables, para de esta forma conseguir exponer al paciente a un mayor contraste emocional.

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